17Feb/20
generacion_cristal

Yo apuesto por “Los Cristal”

Últimamente necesitamos etiquetar todo. Quizás sea parte de la necesidad de nuestro cerebro de clasificar, acomodar, dar lugar a un concepto, objeto, acción…

Hemos clasificado los alimentos, los residuos, las emociones, las creencias, hasta los sistemas de pensamiento e ideologías.  Esto nos da estructura, nos permite sentar bases, crear un contexto.

Hace poco leía un artículo sobre la “generación Cristal”. En la mayoría de los artículos se juzga una generación sin independencia, débil, con falta de carácter y compromiso… ¿Quién osó nombrarlos así? ¿son realmente frágiles, vulnerables? … Quisiera saber quién no es vulnerable en estos días.

Las personas tenemos diferentes características, fortalezas, debilidades, habilidades, carencias… atributos que nos hacen únicos. Me pregunto: ¿qué nos ha pasado para juzgar, etiquetar o nombrar así una generación completa? ¿No será que somos nosotros quienes nos quedamos cortos para guiarlos?

Una persona que decide ver su descendencia como frágil, vulnerable, carente… tiene que trabajar mucho, pero mucho en su propósito, analizar, reflexionar y replantear. Entonces quizás sería conveniente preguntar ¿Qué hicimos, y seguimos haciendo para darle al mundo esta generación?

Por supuesto que hay hechos, una historia de por medio que marca un contexto, y aporta características a cualquier generación. Sin embargo etiquetar como “problema” esta generación es un grave error.

Un rasgo característico de esta generación, es la tendencia de depresión en los adolescentes. Ellos viven con miedo a ser expuestos, como cualquier adolescente de cualquier época. Y ciertamente lo están, como cualquier persona, a través de cámaras de todo tipo por todas partes. Yo en mi adolescencia (que pertenezco a la generación X) no corría el riesgo de ser grabado ante cualquier situación y menos ante la exposición, ser calificado con follows, likes, hashtags…

Definitivamente las cosas no son iguales, para bien y para mal han cambiado. Uno de estos cambios son las pocas herramientas de acompañamiento que existen de una generación a otra. No porque seamos indiferentes ante la situación, más bien porque las herramientas tan específicas para este contexto no existen, no las hemos creado, y simplemente porque nunca lo vimos venir.

No vimos venir que darle un ipad desde pequeño a un niño para que dejara trabajar a su papá/mamá, lo iba a aislar socialmente. Perdimos de vista la necesidad de reconocimiento del joven que en su publicación “Insta”, de una meta que logró con mucho esfuerzo, recibió solo dos “likes” y se siente totalmente invisible, desmotivado porque esa es la nueva forma de reconocimiento… Y seguiremos siendo testigos conforme pase el tiempo de situaciones, casos, que nos marcarán entonces a nosotros como la generación carente de empatía y recursos para guiar a quienes nacieron a la par de la era de la información.

La evolución de la vida, si queremos tomar el pretexto de la tecnología, nos pide a gritos hacer las cosas diferentes, justo como ha sucedido en otras épocas. Entonces ¿por qué atacamos y restamos posibilidades? Será miedo a lo desconocido, a salirnos de una zona de confort, falta de información, desmoralización por nuestra propia historia, el contexto que nos tocó… ¿qué será?

Quiero pensar que no nos quedaremos allí, no quisiera pasar a la historia como parte de la generación que llamó vulnerable a aquellos que lograron reducir el hambre, o a quienes fueron testigos y respetaron los acuerdos de paz en el mundo. Yo creo en mi descendencia, creo en lo que hago hoy. Construyo y cuando reconozco que no lo hago, paro, reflexiono, replanteo y vuelvo a empezar, así las veces que sea necesario.

Chavos ¡creo en ustedes y apuesto por ustedes! Ahora les toca a ustedes tomar la etiqueta o transformarla.

16Ene/20

5 acciones para mejorar el uso de la tecnología en familia

Todo el tiempo queremos estar enchufados. En cualquier lugar nuestros amigos, familia, hijos se la pasan revisando sus dispositivos y muchas veces se vuelve difícil hasta una plática con amigos. En el caso de nuestros hijos, pleitos por la tablet o el teléfono, si vamos a un lugar y no hay Internet parece que no hubiese oxígeno, no quieren convivir en la comida familiar, o se quieren ir ya para llegar a casa y conectarse de nuevo.

Hay muchas cosas que les decimos a nuestros hijos que no hagan y nosotros terminamos haciendo, por ejemplo usar el teléfono cuando vas caminando. Me declaro culpable, y yo muy muy mal, que incluso lo he hecho manejando. Es difícil no atender la notificación cuando estoy esperando un mail urgente. Pero estos dobles mensajes son los que muchas veces nos desarman y nos quedamos sin recursos cuando estamos tratando de dialogar con nuestros hijos sobre el uso que hacen de la tecnología.

Muchas veces no son los acuerdos que hacemos con nuestros hijos los que están mal planteados, sino la incongruencia de nuestras acciones. Así que antes de aplicar cualquier acuerdo, consecuencia, regaño o como lo llames, te invito a revisar estos puntos que creo que no solamente encajan para nuestros hijos, sino para todos los que utilizamos los medios tecnológicos.

5 acciones para mejorar el uso de la tecnología en la familia
13Ene/20

Adiós pequeño

Apenas cuelgo la llamada de una querida amiga con una noticia que me estremeció.

Otro niño… 12 años, en su casa, concluyó el reto… y falleció.

Me duele pensar en el sufrimiento de los padres aunque no los conozca. Tantas cosas que pasarán por sus cabezas.

Nuestro pensamiento busca intuitivamente un culpable: -La familia tenía problemas. Los padres no le dedicaban tiempo suficiente. La escuela no activó los protocolos necesarios. El gobierno, el clima, la tecnología…  Quizá solo una serie de hechos muy desafortunados llevaron a un niño a ejecutar una serie de “retos”.  Pero el presente no se puede cambiar, nadie puede deshacer la ejecución del último reto.

Nos tiene que quedar claro, muy claro, que el contexto que viven nuestros hijos, sean bebés, niños o adolescentes es inmensamente diferente al que nosotros tuvimos a su edad.

Más allá de tener cualquier película sin comerciales al alcance de un clic, un emoji que permite “definir” un estado de ánimo, mas allá… Está un niño, un adolescente que igual que tú quiere pertenecer a un grupo. Un niño que quiere ser el centro de atención, no porque haya sufrido traumas, sino porque así somos los humanos y más en etapas tempranas, queremos, necesitamos atención, sentido de pertenencia.

Estamos inmersos en una era donde la tecnología es protagonista, para bien o para mal, lo aceptemos o no. En nuestro afán de automatizar procesos, industrializamos la comunicación a través de la hiperconectividad, el acceso a la información y todo lo que la tecnología ha cambiado en nuestra vida cotidiana. Sin darnos cuenta que somos nosotros mismos, las personas quienes diseñamos, construimos, usamos, evaluamos y modificamos la tecnología.

Vemos claramente que las formas de hacer las cosas han cambiado: para tomar un taxi, para buscar una dirección, para guardar la información de un contacto, para hacer un pago, para vigilar al bebé, para leer una noticia… la lista es interminable. Incluso la forma de cuestionarnos cómo nos sentimos, ahora se sustenta a través de la comercialización de los likes. Y si nosotros como adultos nos sentimos abrumados en este mundo tecnológico, ¿cómo se sentirán los niños y adolescentes? quienes lo único que han hecho diferente es nacer en esta era. Parece como si delegáramos a una aplicación, al gobierno, a una red social, a quien fuera, la tarea y el peso enorme que implica la educación tecnológica.

No podemos seguir ausentes a llamados tan fuertes como este y tantos otros casos donde se refleja la parte cruda de nuestra realidad. Los adultos que habitamos en este planeta somos responsables de acompañar y guiar a los menores entre el mundo virtual y el mundo real.  Esta diferencia se ha convertido para muchos en una línea muy delgada casi imperceptible. Un niño o adolescente podrá resolver más rápido el problema que tiene tu computadora o tu teléfono, pero sigue siendo una persona que esta apenas experimentando la convivencia social, de pareja, encontrando sus gustos, sus habilidades… Todas esas cosas que tu también experimentaste en su momento, lo único que ha cambiado son los medios para hacerlo y el tiempo de respuesta.

Atender este llamado implica dejar de delegar a otros la responsabilidad del uso de la tecnología. Ser conscientes de que podemos elegir cómo educar a nuestros niños y jóvenes en el aspecto tecnológico. Convertirnos en protagonistas tomando acciones concretas, pequeñas y aparentemente tan insignificantes como conocer:

  • ¿Cuáles son las redes sociales que existen? ¿Cuáles frecuenta según su edad?
  • ¿Cuáles son las implicaciones legales de la transferencia de archivos de pornografía en mi estado o país? ¿Incluso en menores de edad?
  • ¿Qué es el grooming, ciberacoso, sexting, sextorsión?
  • ¿Cuál es su videojuego favorito? ¿Qué clasificación tiene el videojuego? ¿Qué tipo de comunicación tiene con otros jugadores?
  • ¿Cuáles son los síntomas de alerta ante una adicción a la tecnología?
  • ¿Cuántas veces se levanta en la noche a checar sus dispositivos?
  • ¿Cuánto tiempo pasa conectado?
  • ¿Cuántos amigos de su perfil conoce y conozco?
  • ¿Qué tipo de pornografía tiene a la mano?
  • ¿Participa en algún tipo de club, grupo, foro?
  • ¿Ha realizado comentarios racistas, políticos, religiosos, de género?

¿Y cómo hacer esto? No existe una receta, una serie de pasos, un checklist.  Podemos comenzar hablando sobre estos temas entre adultos, platicarnos las cosas que nos funcionan y las que no también. Lo que nos da miedo o nos rebasa. Utilizar estos medios tecnológicos para tejer redes que nos permitan construir bases firmes donde nuestros hijos sepan que no somos ajenos al mundo en el que viven y que estamos para ellos también en el mundo virtual, incluso si me considero un inexpertotecnológico.

Y a ti pequeñito, que tu camino siga lleno de luz. Gracias por compartirnos en tu paso un rayito de conciencia.

Coyito.

12 de octubre 2019.